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Son días extraños y complicados, estamos viviendo una situación desconocida y, en estos momentos de incertidumbre, muchos identificamos una sensación nueva conviviendo con nosotros, pero no sabemos bien cómo gestionarla o identificarla.

Yo conozco bien esta sensación, es MIEDO. La identifico porque, ¿sabéis cuántas veces en mi vida he tenido miedo? Muchas, muchísimas. Sin ir más lejos, cada vez que he escalado una gran montaña, he sentido miedo.

El miedo es una sensación de angustia provocada por la presencia de un peligro real, y en estos momentos, todos vivimos con un peligro real: el COVID-19.

Por eso, hoy quiero hablaros de mi experiencia. Porque yo he aprendido que el miedo tiene una parte muy positiva que al principio nos cuesta ver.

Yo siempre digo que el miedo es un buen compañero del que no tenemos que avergonzarnos. Es quien nos mantiene atentos ante lo que pasa a nuestro alrededor.

En mi caso, haber tenido miedo escalando los 14 ochomiles no me ha hecho más débil, ni más pequeña, al contrario, probablemente ese miedo me ha hecho ser más prudente y es gracias a lo que hoy estoy aquí.

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¿Queréis saber porqué?

Porque él fue quien me hizo dar media vuelta a 200 metros de la cumbre del Dhaulagiri mientras veía cómo mis compañeros seguían para alcanzar la cumbre haciéndome sentir que no valía para la alta montaña, que era una derrota, un fracaso… Pero ahora estoy segura de que esa difícil decisión fue la correcta. Gracias a ese momento hoy estoy aquí para contarlo y, además, esa motivación para superarme y no dejar que el miedo me ganase la batalla, me hizo prepararme más y hacer cumbre años más tarde.

El miedo es una herramienta poderosísima, pero tenemos que aprender a gestionarlo para que su fuerza no se convierta en pánico y nos paralice.

Voy a contaros una de mis primeras experiencias duras en el Himalaya: era el año 1999, yo tenía 24 años, era la segunda vez que iba al Himalaya y estaba escalando la cara norte del Everest.

Un día de mediados de mayo, nos encontrábamos en el campo 3, a 8.400m, cuando recibimos un mensaje por radio de una persona belga que se encontraba perdida bajando de la cumbre del Everest y no encontraba el campamento.

Mi compañero y yo éramos las personas que más cerca nos encontramos de donde decía estar, por lo que no dudamos un instante y salimos de la tienda de campaña hacia arriba en su búsqueda.

Después de más de una hora caminando, a una altura de 8.500metros, le vimos. Se encontraba a 100metros de nosotros. Comenzamos a gritarle y hacerle señas, nos vió y comenzamos a acercarnos. De repente se patinó. Se resbaló precipitándose 2.000 metros delante de nosotros sin que pudiésemos hacer nada. Literalmente, se nos fue.

En aquel momento yo me bloqueé. El miedo me paralizó. Entre en pánico y solo podía gritar y llorar. Me sentía superada. Entonces, a 8.500 metros, mi compañero me miró, me agarró fuertemente, y me dio una torta. Me acuerdo perfectamente, se acercó a mi y me dijo: “Edurne, ahora tenemos que bajar nosotros”.

En aquel momento era lo que necesitaba, necesitaba que alguien me desbloqueara y me centrase en lo importante.

La llegada al campo base no fue nada fácil, sobre todo, con la noticia terrible que teníamos que dar, pero logramos volver.

Después de aquello, la sensación de miedo la he tenido siempre. Ese miedo me ha acompañado en las 27 expediciones que he hecho y las 14 cumbres que he coronado, pero lo importante es que aprendí que el miedo solo es negativo cuando nos paraliza y no nos deja pensar con claridad. Por eso, yo lo acepté como un compañero más de expedición y seguí haciendo lo que me apasionaba, seguí escalando.

Ahora, nos ordenan quedarnos en casa. No sabemos cómo/cuándo volveremos a la normalidad ni con qué consecuencias. No sabemos cómo afectará a nuestros seres queridos, ni cómo estarán más allá de una pantalla. En definitiva, perdemos el control de la situación y esto hace que el miedo nos visite.

Ante este reto, que se nos presenta más común estos días, lo que tenemos que hacer es no dejar que este miedo nos paralice, mantenernos activos, sumar nuestro granito de arena quedándonos en casa y prepararnos física y emocionalmente para cuando todo este pase. Porque pronto superaremos este bache y cuando más preparados estemos, antes disfrutaremos de nuevo de nuestras vidas.

Muchísimo ánimo. 

 

“El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista el medio.”   

                                                                                             Nelson Mandela.