Hoy por la mañana durante el desayuno nos hemos acordado del día que era. No era un día muy feliz. Hace un año que nos dejo nuestro amigo Tolo Calafat en el Annapurna, en sus laderas, allí, divisando todo el Himalaya  junto con otros amigos como Iñaki Ochoa de Olza. Ellos nos acompañan en nuestro corazón y en nuestras escaladas. Por todo esto ha sido un desayuno triste, que ha empeorado más tarde. Después me he acercado al ordenador para ver como todos los días los pronósticos de la meteorología que tan preocupados nos tienen y las noticias no han sido mejores. El primer e mail fue demoledor. Erhard Loretan han muerto. Cómoooooooooo? No me lo podía creer. Loretan!!!!!! Todos los alpinistas conocemos a Loretan por lo que ha hecho en su vida en la montaña y muchas personas, yo entre ellas, le admirábamos e idolatrábamos.

Siempre digo que mi vida me ha dado la oportunidad de conocer a mucha gente y, por supuesto, tuve la suerte de conocerle. Creo que fue mucho más que suerte porque pude conocer a la persona por encima del deportista. Y entonces lo admiré más todavía. Delante de una buena chuleta con un buen vino y en compañía de buenos amigos pude conocer a otro amigo. Sitio extraño para conocerle. Nunca hablamos de los 14 ochomiles, ni de rutas. Hablamos de nuestra vida. De lo que cada uno sentíamos con lo que hacíamos y de cómo llevábamos nuestras vidas. Una de la cosas que entonces me hizo sacar las lagrimas y que ahora me cuesta que no me salgan fue que una persona como él, con todo lo que había hecho y como lo había hecho, me aconsejó que no hiciese caso de todos los comentarios a posteriori de los 14 ocho miles, que disfrutase de lo que había hecho y que si lo que yo había hecho era para mí, y solo para mí, eso era lo importante. Le agarré la mano y le di las gracias. ¡Gracias Erhard! Gracias por lograr que me sienta tan bien, le dije.
Todos esos amigos de cenas, de esquí, de escalada… continuarán haciendo lo que les gusta y nos gusta, y de alguna manera estarás con ellos. Desde el campo base del Everest, donde me dijiste que volvería si lo sentía y sólo si lo sentía, te recuerdo que lo estoy viviendo y sintiendo como nosotros lo sabemos hacer. Y te envío un abrazo.

Como veis hoy es un día triste. O por lo menos complicado. Un día lleno de recuerdos y plagado  de emociones. Te acuerdas de los amigos que no están y de otros que vas conociendo aquí o allí. Pero la vida continúa porque estamos para vivirla, aunque algunas veces no sea fácil. Nosotros seguiremos aquí con ilusión y sintiendo con pasión lo que hacemos. Por fin ha llegado esa nieve que esperábamos y por qué digo por fin, porque creíamos que no iba llegar después de tantas previsiones y de tantos días. Hoy por la noche estos pequeños copos se convertirán en muchos más y mañana habrá más. Pero espero que sea como dicen, sólo dos días.

Desde el Everest, que paséis un buen fin de semana y lo disfrutéis.

Un abrazo.